Después de darle muchas vueltas al tema y arrepentirme un millón de veces tras escribir, he decidido hacerlo. En esta vida no se puede huir y, el solo hecho de intentarlo, nos hace infelices a la larga.
No sé si vengo a pedirte perdón, a darte las gracias o, simplemente, a desahogarme. Sí, mi niño, de nuevo hemos visto el positivo en un test de embarazo. Si somos felices? es difícil definir este sentimiento, porque ya no somos los mismos, ni la situación es la misma. Pero puedo decir que a ratos es una sensación agradable y tierna que me recuerda a ti y en otras ocasiones me invade el miedo y la desesperación. Los recuerdos de lo acontecido están muy frescos en mi mente y, aunque siento una fuerza enorme, las voces interiores me hablan de lo malo.
Ha sido realmente una sorpresa. El martes 30 de marzo habíamos estado en la consulta de Enrique Lebrero y me había dicho que todo estaba perfecto y que adelante. Es más, me recetó Omifín para ir sobre seguro (esta vez una sola pastilla) y progesterona para reforzar mi fase lutea, que es apenas de 11 días. Salí contenta, pensando que en nada podríamos empezar a buscar. Sin embargo, estando ya sola por la tarde, tuve el presentimiento de que estaba embarazada. Y me hice un test. El positivo se hizo esperar un poco, pero es que ni siquiera era mi día de regla.
Esta vez no salté de alegría, ni me puse nerviosa... Lloré, por ti, porque sentí que pudieras pensar que es una forma de olvidarte o de sustituirte. Eso no ocurrirá jamás, porque lo que pasó aquel 21 de octubre fue lo más doloroso de toda mi vida y tu imagen siempre vivirá en mi.
Papá se emocionó tanto... Vi la felicidad en su rostro y me sentí orgullosa de ser yo quien se la daba. No dejábamos de decir que era una regalo que nos hacías desde el cielo. Es bonito pensar así. Yo a cambio te regalo un amor para siempre, hijo mío.
Desgraciadamente, no siempre las cosas que uno se merece salen bien. Las pocas personas que saben que estoy embarazada nos dicen que lo merecemos, que ya está bien de que nos salgan las cosas mal... Pero lo cierto es que siento como si no funcionara, como si fuera a perderlo. Apenas un hilillo de sangre ha sido capaz de empañar este momento.
Ahora no quiero desear, ni pensar, ni tan siquiera sentir. Me gustaria desconectarme por unos días y saber de una vez que todo va a ir bien o mal. Lo asumiré, sea cual sea la sentencia. Y lucharé, como siempre lo he hecho, por nuestro sueño.
viernes, 2 de abril de 2010
miércoles, 10 de marzo de 2010
10 de marzo de 2010
Aparté la cortina de mi habitación y miré el campo extendiéndose a través del cristal. Pensé en el millón de cosas que tenía y que me hacían feliz. Sonreí ante la visión del día en que nos casamos, el rostro de Xavi, los grandes momentos con mis seres queridos…. ¡En verdad era tan afortunada! Luego pensé en ti, en todo lo que me había perdido y en lo que estaría haciendo de haber tenido nuestra historia un final feliz. Imaginé la cuna justo en el lugar donde, de pie, observaba la fina lluvia de finales de invierno. Dolor. Visualicé el verano, cuando papá pintaba esa misma cuna con colores alegres. Nostalgia. Recordé tu carita de ángel. Amor.
Y cuanto más se nublaban mis ojos y la lluvia dejaba paso a la luz, las nubes se separaron y me dejaron ver un arco iris brillante. Pensé de nuevo en Xavi, en su preciosa sonrisa y en todo lo que siento cuando me abraza con fuerza. Vi el rostro de David cuando nos vimos por primera vez, subiendo las escaleras de la estación, los paseos de la mano por la Plaza de España y el Parque de María Luisa.
Fue entonces cuando me deslicé por aquel precioso tobogán multicolor surcando el cielo y dejando que el sol renaciente me abrigara. Sentí que estabas allí, en aquel placer inconmensurable, en las luces, en los colores, en el campo, en el invierno, en la primavera que viene, en el cristal a través del cual miro el mundo cuando todo parece perdido, en mi piel y en mis ojos ciegos. Yo estoy contigo y tú conmigo. Y siendo así, puedo volver a levantarme y ser feliz. Ésas son las cosas sencillas de la vida que no necesitan más explicación, pero que te bastan para entender lo complejo de la propia existencia.
Y cuanto más se nublaban mis ojos y la lluvia dejaba paso a la luz, las nubes se separaron y me dejaron ver un arco iris brillante. Pensé de nuevo en Xavi, en su preciosa sonrisa y en todo lo que siento cuando me abraza con fuerza. Vi el rostro de David cuando nos vimos por primera vez, subiendo las escaleras de la estación, los paseos de la mano por la Plaza de España y el Parque de María Luisa.
Fue entonces cuando me deslicé por aquel precioso tobogán multicolor surcando el cielo y dejando que el sol renaciente me abrigara. Sentí que estabas allí, en aquel placer inconmensurable, en las luces, en los colores, en el campo, en el invierno, en la primavera que viene, en el cristal a través del cual miro el mundo cuando todo parece perdido, en mi piel y en mis ojos ciegos. Yo estoy contigo y tú conmigo. Y siendo así, puedo volver a levantarme y ser feliz. Ésas son las cosas sencillas de la vida que no necesitan más explicación, pero que te bastan para entender lo complejo de la propia existencia.
martes, 9 de marzo de 2010
9 de marzo de 2010
La vida sigue y pasan los días mucho más rápido de lo que nunca esperé. En cierto sentido es un alivio, porque es como si los demás se relajaran al verme y así no tengo que sentirme mal por su expresión de pena. La única pena que quiero que sientan no es hacia mi, sino hacia ti, mi niño. Merecías tanto la pena que no puede ser de otra forma. Te imagino y sé que hubieras sido un niño dulce y cercano, muy de su mamá. Al contrario de lo que piensa la gente, estos pensamientos son agradables y me conducen a una nada llena de cosas muy difícil de explicar.
Finalmente aprendí a sobrellevar que no vas a volver, que ésta es nuestra dolorosa realidad y que con ella hemos de vivir. No me voy a engañar, esto duele y mucho. Sin embargo, el llegar a rehacer nuestras vidas pasa por tener muy claro que no hay vuelta atrás. Si hay un próximo embarazo, no serás tú, mi vida, por mucho que quiera pensar que algo de ti esté en tu hermano o hermana. No puedo esperar los mismos rasgos, el color de tu pelo, tus movimientos, tu expresión... Y debe y merece ser tan importante y deseado como tú lo has sido. Cuando suceda debo estar preparada al cien por cien para ser la madre que siempre he querido ser para vosotros.
Quizá la peor parte se la ha llevado Xavi, que ha vivido esta experiencia en una sombra extraña. Y es que es tan difícil decirle a un niño de cinco años cosas que ni una misma entiende... De lo que sí me siento muy orgullosa es del amor que he sabido transmitirle e inculcarle hacia ti y hacia la familia que formamos. Él sabe muy bien que tu partida es un tema doloroso para nosotros, de una forma que escapa a sus años, pero lo entiende y lo sufre a su manera. Cuánta personalidad en un cuerpecito tan pequeño... Cada día me sorprende con sus ideas y su peculiar forma de entender la vida.
Por otro lado, estan mis seres más queridos y cercanos, que creen que no deben hablar del tema. Es como si les quemara en las manos. Pero no se dan cuenta de que convertirte en un tabú es como si, además de lo sufrido, me pegaran una patada en el estómago. Para mi no estás muerto (incluso me cuesta escribir la palabra, como si fuera malsonante), para mi estás dentro de mi, como siempre, sólo que no en el útero, sino en el corazón, en el estrato más profundo de mi alma.
Sé que les debo entender a ellos también. Y ahogo mi pena aquí, a sabiendas de que es una carta a un cielo que puede no existir, pero aferrándome a él como si me fuera la vida en ello. Porque tú tienes que estar en algún sitio, uno precioso en el que nada te falte.
Por último quiero contarte que dentro de muy poco podremos volver a buscar el embarazo. Al principio era como una obsesión, un plazo que marcaba todos los días de mi vida. Luego se convirtió en una negación de mi realidad, un escape, un mundo paralelo al que escapar para no ver lo que me había pasado. Hasta hace bien poco, era como una fecha prohibida, una avalancha de remorodimientos, como si te traicionara. Y un enorme miedo al futuro, a tenerme que exponer de nuevo. Finalmente,he abierto los ojos y he visto que sólo me apetece dejarme llevar y ver día a día lo que pasa. No me siento presionada como antaño, ni siento que no puedo vivir sin ello. Ahora no me importan muchas de las cosas que antes eran tan imprescindibles Qué me importa el cómo? yo quiero que cuando suceda el nuevo milagro podamos sonreir y que tu hermano crezca sano y feliz en un mundo que también es el tuyo. Tengo mucho más amor de madre del que nunca imaginé, pero también mucha más paciencia.
Finalmente aprendí a sobrellevar que no vas a volver, que ésta es nuestra dolorosa realidad y que con ella hemos de vivir. No me voy a engañar, esto duele y mucho. Sin embargo, el llegar a rehacer nuestras vidas pasa por tener muy claro que no hay vuelta atrás. Si hay un próximo embarazo, no serás tú, mi vida, por mucho que quiera pensar que algo de ti esté en tu hermano o hermana. No puedo esperar los mismos rasgos, el color de tu pelo, tus movimientos, tu expresión... Y debe y merece ser tan importante y deseado como tú lo has sido. Cuando suceda debo estar preparada al cien por cien para ser la madre que siempre he querido ser para vosotros.
Quizá la peor parte se la ha llevado Xavi, que ha vivido esta experiencia en una sombra extraña. Y es que es tan difícil decirle a un niño de cinco años cosas que ni una misma entiende... De lo que sí me siento muy orgullosa es del amor que he sabido transmitirle e inculcarle hacia ti y hacia la familia que formamos. Él sabe muy bien que tu partida es un tema doloroso para nosotros, de una forma que escapa a sus años, pero lo entiende y lo sufre a su manera. Cuánta personalidad en un cuerpecito tan pequeño... Cada día me sorprende con sus ideas y su peculiar forma de entender la vida.
Por otro lado, estan mis seres más queridos y cercanos, que creen que no deben hablar del tema. Es como si les quemara en las manos. Pero no se dan cuenta de que convertirte en un tabú es como si, además de lo sufrido, me pegaran una patada en el estómago. Para mi no estás muerto (incluso me cuesta escribir la palabra, como si fuera malsonante), para mi estás dentro de mi, como siempre, sólo que no en el útero, sino en el corazón, en el estrato más profundo de mi alma.
Sé que les debo entender a ellos también. Y ahogo mi pena aquí, a sabiendas de que es una carta a un cielo que puede no existir, pero aferrándome a él como si me fuera la vida en ello. Porque tú tienes que estar en algún sitio, uno precioso en el que nada te falte.
Por último quiero contarte que dentro de muy poco podremos volver a buscar el embarazo. Al principio era como una obsesión, un plazo que marcaba todos los días de mi vida. Luego se convirtió en una negación de mi realidad, un escape, un mundo paralelo al que escapar para no ver lo que me había pasado. Hasta hace bien poco, era como una fecha prohibida, una avalancha de remorodimientos, como si te traicionara. Y un enorme miedo al futuro, a tenerme que exponer de nuevo. Finalmente,he abierto los ojos y he visto que sólo me apetece dejarme llevar y ver día a día lo que pasa. No me siento presionada como antaño, ni siento que no puedo vivir sin ello. Ahora no me importan muchas de las cosas que antes eran tan imprescindibles Qué me importa el cómo? yo quiero que cuando suceda el nuevo milagro podamos sonreir y que tu hermano crezca sano y feliz en un mundo que también es el tuyo. Tengo mucho más amor de madre del que nunca imaginé, pero también mucha más paciencia.
lunes, 8 de marzo de 2010
8 de marzo de 2010
Qué día tan extraño, tan gris y frío... Qué diferente de hace justo un año, cuando vimos las dos rayas en aquel test y nos convertiste en la familia más feliz del mundo. Cómo recuerdo todo: las caras de los tres, los comentarios en el foro, las felicitaciones, la alegria de nuestras familias, la comida de celebración, los buenos deseos... Fue un día especial y precioso, más que inolvidable Era el primer recuerdo contigo, el que nos haría borrar tantos meses de decepciones.
Todo esto es nuestro para siempre, a pesar de que no podamos tenerte. Ya no temo a la muerte, porque sé que me esperarás en las puertas del cielo y que estaremos juntos por siempre. Tú has marcado mi vida y le has dado otro sentido. Te doy las gracias por haber sido mío y por enseñarme tantas cosas, mi vida. No me arrepiento de nada, porque tu existencia ha sido una huella muy profunda que se ha grabado a fuego no sólo en mi útero, sino también en mi corazón y en lo que me resta de vida.
Quiero que sepas que en casa hablamos de ti como si estuvieras, que honramos tu memoria y que nunca permitiremos que caiga en el olvido tu recuerdo y todo el amor que nos hemos dado. El amor es tan hermoso y mágico que se puede dar de tantas formas distintas... Mi amor por ti y por Xavi es tan grande que no me cabe en el pecho. Allá donde estés cierra los ojos y siente la fuerza de mi alma encontrándose con la tuya, arropándote y siendo tu mamá, la que te cantaba antes de dormirse, la que te pensaba, la que te bordaba la ropa con hilos de amor, la que hubiera dado su vida por ti.
Desde hace un año y hasta el infinito, mi chiquitín etéreo, para siempre te amará tu madre.
Todo esto es nuestro para siempre, a pesar de que no podamos tenerte. Ya no temo a la muerte, porque sé que me esperarás en las puertas del cielo y que estaremos juntos por siempre. Tú has marcado mi vida y le has dado otro sentido. Te doy las gracias por haber sido mío y por enseñarme tantas cosas, mi vida. No me arrepiento de nada, porque tu existencia ha sido una huella muy profunda que se ha grabado a fuego no sólo en mi útero, sino también en mi corazón y en lo que me resta de vida.
Quiero que sepas que en casa hablamos de ti como si estuvieras, que honramos tu memoria y que nunca permitiremos que caiga en el olvido tu recuerdo y todo el amor que nos hemos dado. El amor es tan hermoso y mágico que se puede dar de tantas formas distintas... Mi amor por ti y por Xavi es tan grande que no me cabe en el pecho. Allá donde estés cierra los ojos y siente la fuerza de mi alma encontrándose con la tuya, arropándote y siendo tu mamá, la que te cantaba antes de dormirse, la que te pensaba, la que te bordaba la ropa con hilos de amor, la que hubiera dado su vida por ti.
Desde hace un año y hasta el infinito, mi chiquitín etéreo, para siempre te amará tu madre.
domingo, 21 de febrero de 2010
21 de febrero de 2010
Hoy hubieras cumplido cuatro meses, mi niño. Hoy hubiera sido un día muy bonito, hubiera hecho una tartita y hubiéramos hecho fotos.
Sin embargo, ha sido un día normal, como cualquier otro domingo en casa, haciendo las cosas de siempre y con la mente llena de malos recuerdos que, aunque empiezan a verse de lejos, están muy frescos en nuestras mentes. No ha habido risas, ni llantos, ni nada que hiriese al otro, pero éramos muy conscientes de que no estabas y de que eso no es justo ni debiera ocurrir. Te he echado de menos, como todos los días, pero quizá con la nostalgia de lo que podría haber sido y no es ningún día de mi vida. Es tan duro desear lo que es imposible...
No quiero hablar de nada más hoy, mi ángel. Quiero dedicarte esta entrada y decirte que te quiero con toda el alma y sin descanso. Da igual los meses que pasen, siempre te echaré de menos y siempre serás el segundo de mis hijos (el de mi alma).
Sin embargo, ha sido un día normal, como cualquier otro domingo en casa, haciendo las cosas de siempre y con la mente llena de malos recuerdos que, aunque empiezan a verse de lejos, están muy frescos en nuestras mentes. No ha habido risas, ni llantos, ni nada que hiriese al otro, pero éramos muy conscientes de que no estabas y de que eso no es justo ni debiera ocurrir. Te he echado de menos, como todos los días, pero quizá con la nostalgia de lo que podría haber sido y no es ningún día de mi vida. Es tan duro desear lo que es imposible...
No quiero hablar de nada más hoy, mi ángel. Quiero dedicarte esta entrada y decirte que te quiero con toda el alma y sin descanso. Da igual los meses que pasen, siempre te echaré de menos y siempre serás el segundo de mis hijos (el de mi alma).
miércoles, 17 de febrero de 2010
17 de febrero de 2010
Hoy vengo un poco con prisas, pero tenía ganas de pasarme. Es raro, pero igual que puedo estar un mes sin escribir, luego me paso días seguidos escribiendo, como si así compensara el tiempo "perdido".
Ayer estuve con la psicóloga y estuvimos hablando de muchas cosas, pero entre ellas el tiempo que a veces consideramos perdido. Ella me dijo que ni se me ocurra pensar en ello. No porque piense que el embarazo fue un tiempo perdido, sino porque los casi dos años de búsqueda fueron un ir venir entorno al mismo tema y dejé de lado otras muchas cosas que para mi son importantes. No sé, pienso que le cuesta entender lo que le cuento y que, en ocasiones, las personas no nos ceñimos a patrones establecidos. Para mi el tiempo en que te tuve dentro fue el mejor empleado del mundo, a pesar de que el final fuera el que desgraciadamente fue. Sin embargo, sí que siento que en mi debe cambiar la vivencia a partir de ahora. Ya no puedo centrar mi vida en una búsqueda que, en realidad, te busca a ti. Y me queda mucho que recorrer al respecto.
Por qué no reconocerlo? me siento frustrada y rabiosa, por todo y porque no digiero que tanto esfuerzo fuera para verme recompensada con tanto dolor y esa sensación metálica en la boca cuando me encuentro con los recuerdos de todo el amor que te di cuando te sentía en mi interior.
La psicóloga piensa que debo aclarar con David que el hecho de tener una fecha, abril, a partir de la cual mi salud no se vería perjudicada por otro embarazo, no implica que debamos sentirnos obligados a ello, ni presionarme para que esta vez todo funcione. Pero también en este punto creo que no me entiende, porque nosotros nos comunicamos perfectamente y el tema lo tenemos muy hablado. Ambos queremos lo mismo: un nuevo embarazo con un final feliz, pero cuando física y mentalmente esté preparada para ello. Lo que sí es cierto es que cada día me debato entre el miedo a perder a tu futuro hermano, a que me cuesta la propia vida, a que ambas cosas ocurran, a que tengan que pasar meses y meses para lograrlo, a empezar... En fin, demasiados pensamientos contrapuestos como para plantearse ahora otra maternidad. No estoy preparada, pero conociéndome, sé que el primero de abril lo estaré y pondré toda mi rabia y energía en ello. Supongo que es inherente a mi misma, que forma parte de mi y no puedo huir.
Dicen que soy fuerte, porque me enfrento a las situaciones a pesar del dolor. No me siento así, pero saco de donde no hay porque siento que debo aprovechar la oportubnidad que me ha dado la vida. Y tengo mucho por lo que luchar y muchos apoyos, a veces insospechados, para hacerlo.
Por otro lado, hoy he estado con el nutricionista y en menos de dos semanas he adelgazado más de cuatro kilos, así que apenas me quedan seis para estar perfecta. Eso, junto a los análisis, que salieron muy bien, me hace estar más tranquila. Los riñones están dentro de los parámetros normales y el hierro, aunque justo, está también dentro de lo que se considera normal. Además, las pruebas de la glucosa, al fin, demostraron que no soy diabética y, seguramente, nunca llegué a tenerla durante el embarazo. Qué ironía, mi niño, con el poco dulce que te di... Después de todo no fue ni el azúcar, ni la tensión, ni nada conocido. Te fuiste como un soplo de viento helado, sin explicación, sin vuelta atrás. Ahora que eso forma parte de mi realidad diaria, sólo me queda confiar en que la vela que te dedico cada noche y con la que me pierdo en mis sueños y angustias, te muestre el camino desde mi corazón hasta tu paraiso de nubes de algodón dulce.
Te amo, mi soplo de viento bello.
Ayer estuve con la psicóloga y estuvimos hablando de muchas cosas, pero entre ellas el tiempo que a veces consideramos perdido. Ella me dijo que ni se me ocurra pensar en ello. No porque piense que el embarazo fue un tiempo perdido, sino porque los casi dos años de búsqueda fueron un ir venir entorno al mismo tema y dejé de lado otras muchas cosas que para mi son importantes. No sé, pienso que le cuesta entender lo que le cuento y que, en ocasiones, las personas no nos ceñimos a patrones establecidos. Para mi el tiempo en que te tuve dentro fue el mejor empleado del mundo, a pesar de que el final fuera el que desgraciadamente fue. Sin embargo, sí que siento que en mi debe cambiar la vivencia a partir de ahora. Ya no puedo centrar mi vida en una búsqueda que, en realidad, te busca a ti. Y me queda mucho que recorrer al respecto.
Por qué no reconocerlo? me siento frustrada y rabiosa, por todo y porque no digiero que tanto esfuerzo fuera para verme recompensada con tanto dolor y esa sensación metálica en la boca cuando me encuentro con los recuerdos de todo el amor que te di cuando te sentía en mi interior.
La psicóloga piensa que debo aclarar con David que el hecho de tener una fecha, abril, a partir de la cual mi salud no se vería perjudicada por otro embarazo, no implica que debamos sentirnos obligados a ello, ni presionarme para que esta vez todo funcione. Pero también en este punto creo que no me entiende, porque nosotros nos comunicamos perfectamente y el tema lo tenemos muy hablado. Ambos queremos lo mismo: un nuevo embarazo con un final feliz, pero cuando física y mentalmente esté preparada para ello. Lo que sí es cierto es que cada día me debato entre el miedo a perder a tu futuro hermano, a que me cuesta la propia vida, a que ambas cosas ocurran, a que tengan que pasar meses y meses para lograrlo, a empezar... En fin, demasiados pensamientos contrapuestos como para plantearse ahora otra maternidad. No estoy preparada, pero conociéndome, sé que el primero de abril lo estaré y pondré toda mi rabia y energía en ello. Supongo que es inherente a mi misma, que forma parte de mi y no puedo huir.
Dicen que soy fuerte, porque me enfrento a las situaciones a pesar del dolor. No me siento así, pero saco de donde no hay porque siento que debo aprovechar la oportubnidad que me ha dado la vida. Y tengo mucho por lo que luchar y muchos apoyos, a veces insospechados, para hacerlo.
Por otro lado, hoy he estado con el nutricionista y en menos de dos semanas he adelgazado más de cuatro kilos, así que apenas me quedan seis para estar perfecta. Eso, junto a los análisis, que salieron muy bien, me hace estar más tranquila. Los riñones están dentro de los parámetros normales y el hierro, aunque justo, está también dentro de lo que se considera normal. Además, las pruebas de la glucosa, al fin, demostraron que no soy diabética y, seguramente, nunca llegué a tenerla durante el embarazo. Qué ironía, mi niño, con el poco dulce que te di... Después de todo no fue ni el azúcar, ni la tensión, ni nada conocido. Te fuiste como un soplo de viento helado, sin explicación, sin vuelta atrás. Ahora que eso forma parte de mi realidad diaria, sólo me queda confiar en que la vela que te dedico cada noche y con la que me pierdo en mis sueños y angustias, te muestre el camino desde mi corazón hasta tu paraiso de nubes de algodón dulce.
Te amo, mi soplo de viento bello.
lunes, 15 de febrero de 2010
15 de febrero de 2010
Mi niño Joel, he tardado en volver por aquí. Ha sido por tantas razones... La primera el trabajo y la casa. La segunda, que tenía que multiplicarme porque papá tuvo una recaída en su lesión de la rodilla y ha estado todo este tiempo de baja. Esto ha sido una ayuda para no sentirme tan sola, para no pensar tantísimo y para pasar más tiempo con él.
El sábado fue nuestro aniversario de boda. No es que hiciéramos nada especial, pero fue tan bonito recordar aquel día... Si me hubieras visto, con la barrigota del embarazo de Xavi y unos taconazos que me empeñé en llevar y tu tía tomándose todo el tiempo del mundo para sacarnos una foto en la puerta del Juzgado. Ayss qué dolor de pies y que ganas de entrar y prometerle al amor de mi vida que sería para siempre suya y el mío.
Cuando nació Xavi, creció más aún ese amor que tanto nos costó al principio y que ni la distancia pudo derribar. Vi su expresión cuando se conocieron y supe que le había dado el regalo más hermoso del mundo. La vida mientras tanto no se portó muy bien con nosotros en otros aspectos más mundanos, pero como se suele decir, el amor era el mejor de los alimentos. Nos sentíamos en paz sólo de ver que nuestro precioso hijo, tu hermano, crecía feliz y sin pasar necesidades de ningún tipo.
Y luego llegó la larga búsqueda que me llevaría a ti. Reconozco que lo pasé realmente mal y que me sentía castigada por una fuerza superior que sabía muy bien dónde darme para que me doliese. Pero llegaste, llegaste y fui la madre más afortunada del mundo, porque pude conocerte. Fui la única que de verdad te conoció, la que sintió tu vida y tu muerte en mi vientre. Bajé del cielo estrellándome en la tierra en la que ahora tú reposas y en la que nunca más podrás ser mío.
Al hilo de lo que sentía, di con la canción que Eric Clapton le compuso a su hijo Connor cuando éste se precipitó por una ventana y murió. Tears in Heaven, lágrimas en el cielo. Espero que haya un cielo en el que seres maravillosos te cuiden y te quieran tanto como yo, tanto como yo te hubiera acunado, amamantado, abrazado, besado, amado... Ojalá que en ese cielo haya un sitio reservado a tu lado para cuando me toque partir. Ojalá mis lágrimas te lleguen en forma de amor y sonrisas allá donde estés, porque nunca en la vida seré capaz de olvidar ni un instante contigo, ni la sensación de ver tu rostro, el que tantas veces había imaaginado. No eras como pensaba, ni de lejos, porque eras más bello y etéreo que todos los ángeles del cielo.
Y tal como dice la canción: debo ser fuerte y sobrellevarlo, porque yo no pertenezco al cielo. Todos los días tengo esto presente y trato de conducir mi vida de la forma más recta posible, porque si hay un cielo que te alberga, yo me lo quiero ganar para encontrarme contigo y que sea entonces para siempre.
http://www.youtube.com/watch?v=b6t4Zs5Yq_k
El sábado fue nuestro aniversario de boda. No es que hiciéramos nada especial, pero fue tan bonito recordar aquel día... Si me hubieras visto, con la barrigota del embarazo de Xavi y unos taconazos que me empeñé en llevar y tu tía tomándose todo el tiempo del mundo para sacarnos una foto en la puerta del Juzgado. Ayss qué dolor de pies y que ganas de entrar y prometerle al amor de mi vida que sería para siempre suya y el mío.
Cuando nació Xavi, creció más aún ese amor que tanto nos costó al principio y que ni la distancia pudo derribar. Vi su expresión cuando se conocieron y supe que le había dado el regalo más hermoso del mundo. La vida mientras tanto no se portó muy bien con nosotros en otros aspectos más mundanos, pero como se suele decir, el amor era el mejor de los alimentos. Nos sentíamos en paz sólo de ver que nuestro precioso hijo, tu hermano, crecía feliz y sin pasar necesidades de ningún tipo.
Y luego llegó la larga búsqueda que me llevaría a ti. Reconozco que lo pasé realmente mal y que me sentía castigada por una fuerza superior que sabía muy bien dónde darme para que me doliese. Pero llegaste, llegaste y fui la madre más afortunada del mundo, porque pude conocerte. Fui la única que de verdad te conoció, la que sintió tu vida y tu muerte en mi vientre. Bajé del cielo estrellándome en la tierra en la que ahora tú reposas y en la que nunca más podrás ser mío.
Al hilo de lo que sentía, di con la canción que Eric Clapton le compuso a su hijo Connor cuando éste se precipitó por una ventana y murió. Tears in Heaven, lágrimas en el cielo. Espero que haya un cielo en el que seres maravillosos te cuiden y te quieran tanto como yo, tanto como yo te hubiera acunado, amamantado, abrazado, besado, amado... Ojalá que en ese cielo haya un sitio reservado a tu lado para cuando me toque partir. Ojalá mis lágrimas te lleguen en forma de amor y sonrisas allá donde estés, porque nunca en la vida seré capaz de olvidar ni un instante contigo, ni la sensación de ver tu rostro, el que tantas veces había imaaginado. No eras como pensaba, ni de lejos, porque eras más bello y etéreo que todos los ángeles del cielo.
Y tal como dice la canción: debo ser fuerte y sobrellevarlo, porque yo no pertenezco al cielo. Todos los días tengo esto presente y trato de conducir mi vida de la forma más recta posible, porque si hay un cielo que te alberga, yo me lo quiero ganar para encontrarme contigo y que sea entonces para siempre.
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