viernes, 8 de enero de 2010

8 de enero de 2010 (2 meses y 18 días sin ti)

Estos días he estado trabajando mucho, quizá demasiado. Es como si así mi mente se nublara un poco y dejara de darle vueltas a esas cosas que ya no tienen solución. De hecho, el tema está en convencerme de que nunca la tuvo. Sí, debo mirar hacia adelante y empezar a despegar. Es lo que tú querrías para mi, de eso no me cabe duda. Pero que el mundo me dé tiempo. No sé cuántas veces y de cuántas formas he dicho lo mismo. Sí, me he estancado en ello.

Hasta ahora la idea de un nuevo embarazo no me motivaba mucho, incluso me hacía sentir culpable. LLegó un momento en que me sentía culpable de todas y cada una de las cosas que hacía o que, simplemente, pasaban a mi alrededor Porque no ocurrían estando tú. Sin embargo, algo va cambiando en mi. Ahora pienso más en ese embarazo, no como una compensación por tu pérdida, eso nunca. Más bien para recuperar mis deseos y mis pensamientos de los últimos años y, ¿por qué no decirlo?, es lo que más desean papá y Xavi. Creo que nos merecemos ser felices después de todo lo que hemos pasado. Ha sido un largo camino que no ha acabado, no hasta llegar a tus hermanos y que la vida nos conduzca a ti. Es tan angustioso cuando se pierde la fe... La fe en lo que sea, con el nombre que uno le quiera poner.

La relación con papá va bien, como siempre, pero con un lazo muy fuerte que a veces nos hace sobreprotegernos y que las cosas se pongan un poco tensas. Y es que cada uno vive su dolor a su manera y no podemos obligar al otro a que lo vea de otra forma a como su conciencia le permite. Pero es verdad que han sido momentos muy intensos en nuestras vidas: momentos de ansiedad, de felicidad, de amor, de desesperación, de necesidad y ahora de intenso dolor. Y, sin embargo, aquí seguimos unidos, como siempre. Cuánto le amo! Sin él no podría resistir todo esto. Porque el tiempo parece como si no pasara.

Por otro lado, y al hilo del tema del tiempo, es como si un temor nuevo se apoderara de mi. El miedo a llegar al momento en que mi cuerpo pueda volver a concebir y fracasar una y otra vez. El miedo a conseguirlo y superar las semanas. El horror de llegar a la semana 36 y que la ansiedad me impida ser todo lo racional que debiera... Sé que velarás por mi, pero no estoy preparada para más pérdidas.

He estado a nada de borrar lo escrito hoy, porque me da pena sonar siempre tan pesimista, pero como me ha servido para desahogarme, he decidido dejarlo, porque quizás un día no muy lejano pueda leerlo y conocerme un poco más. Hasta ahora conocía una faceta muy distinta de mi personalidad y ahora me descubro vulnerable e incapaz de afrontar situaciones al ritmo que antes lo hacía. Y es que has supuesto tanto en mi vida... La vida se abrirá paso, pero intuyo que lo veremos desde distinto prisma.

Ven a mis brazos, aunque sea en mis sueños, mi moreno del cielo.