miércoles, 9 de junio de 2010

9 de junio de 2010

Sí, es cierto, mucho tiempo sin decir nada... Y sí, había mucho que decir, muchas cosas que contar, pero pienso que no lo hice por miedo a que algún día al leerlo me pudiera sentir mal, avergonzarme o, simplemente, recordar estos momentos que una quiere que desaparezcan a la vez que el sólo pensamiento de que eso ocurra se clava como un puñal en el corazón y, cómo no, en el vientre.

Confieso que he tenido miedo, que he sabido lo que es perder totalmente el control sobre mi vida, mis actos y mi pensamiento. Ha sido un proceso lento, lleno de altibajos y de presión, mucha presión para que me recuperara. No era el momento para muchas de las cosas que hice. Y no es culpa de nadie, sólo mía, el que me mostrara más fuerte de lo que en realidad era para seguir adelante. Es verdad, no soy más que un ser humano. Y además ahora lo soy desde la parte más irracional, desde las entrañas, desde el fondo mismo. Me siento como una niña que aprende de nuevo a andar y que cae continuamente mientras ve la vida pasar por su lado y la impotencia la paraliza.

Lo más triste es ver cómo el mundo sigue girando y yo me quedo contemplando esa vida como si no formara parte de ella. Cuando me cuelo por casualidad en uno de esos vagones abarrotados de gente, apenas llego a la siguiente estación, salto y me refugio en el primer rincón de soledad. Y entonces empieza la pesadilla: la sangre, el dolor, el miedo, la ambulancia, "no hay latido", gente con mascarillas corriendo y arrancándome la ropa, la mesa fría, la mascarilla de oxígeno, las lágrimas de David, el rostro de mi bebé muerto... Una y otra vez, una y otra vez, sin parar. Siento como me ahogo, como se me escapa la vida, me veo en la UCI, la cara de preocupación de todos, el inmenso dolor de aquello que no se puede expresar, el no saber dónde está mi niño... No le pude dar el final que merecía y no descanso pensando que no es justo, que al menos merecía saber dónde está y poderle llevar flores y cantarle una nana en su sueño eterno. Le necesito y me agarro a los coletazos de lo terreno, porque todo lo demás es incierto, es inalcanzable...

NO SOY FELIZ, me siento atrapada en una rutina que me agobia y sólo quiero estar sola. Cuando me aislo, por un instante siento paz, pero al siguiente me siento la peor de las personas, porque no puedo perderme ni un segundo del hijo que me queda, de mi precioso niño que sufre por mi causa, porque no soy capaz de darle lo que se merece tanto, porque no soy capaz ni de dármelo yo misma. Y en medio de este infierno, pasa el tiempo y yo me quedo, me alejo de la realidad mientras me desplazo por ella.

Empecé la búsqueda y apenas pienso en ello. Me limito a tomarme el tratamiento y ya está. Ni siquiera me deprimo cuando me viene la regla. Siento ilusión de vez en cuando, pero lo justo hasta que de nuevo empiezan las pesadillas, de noche o de día. Trato de imaginar el momento en que me quede embarazada, las cosas que haremos, el día en que nazca... Y entonces, de nuevo, veo la muerte, el dolor, la desesperación. Lo escribo y lloro, y me ahogo, y no sé cómo superarlo.

4 comentarios:

bea dijo...

ufff no te comento nada aqui,,,hablo contigo x el facebook tu y yo asolas....mil graciassss

Evelyn Jeab dijo...

que sensaciones mas fuertes me han pasado por mi cuerpo en cuanto he terminado de leer, y siento una angustia al mismo tiempo que leo porque me siento impotente, me he quedado muda y siento que tu corazón está quebrantado pero tambien siento que pese a todo lo que te ha pasado tienes un sol a tu lado que te necesita, y aunque yo tengo respuestas , solo puedo decirte, que comparto tu dolor y al mismo tiempo guardo la esperanza que Dios te arranque todos esos temores de tu corazón, te dejo un beso muy fuerte!!

PATRY dijo...

Un abrazo muy muy muy fuerte. Animo!

Nereida dijo...

Sólo puedo decirte que ojalá no te sintieras así y pudieras seguir tu vida hacia adelante, pero créeme que entiendo cómo te debes sentir. Algún día la vida te lo recompensará, aunque no te lo creas...