viernes, 18 de diciembre de 2009

18 de diciembre de 2009 (58 días sin ti)

Dentro de este remolino de emociones que me lleva hacia adelante sin remisión, vengo a contarte que a pesar de la excusa del frío y del mal humor que me posee en tantas ocasiones, me he quedado en casa y he afrontado que este es el destino que me ha tocado vivir, que debo mantener el calor del hogar por los tres y que Xavi merece ver a su madre cuando sale del cole, esperando con la misma sonrisa que las demás madres. Eso sí, yo soy un poquito diferente, porque tengo además un ángel.

Te pido que si me ves desde el cielo, o si fuera cierto que estás a mi lado velando por nosotros, que entiendas que debo hacerlo y que el hecho de que no siga en esta espiral de llanto en los rincones y homenajes invisibles a ti, para mi sigues siendo importantísimo y, junto con Xavi, lo que más amo en la vida. Y me tendré que resignar a no verte y a no tener más recuerdo que el de tu rostro en paz. Algún día, cuando nos reunamos, te daré todos los besos que no te he podido dar y te diré todas esas palabras que ahora pronuncio en mi interior y que son sólo para ti.

Y todavía hay gente que cree que lo superaré porque no te conocía... Qué estupidez! si te he tenido dentro, te he sentido, me has respondido, te he acariciado en todas las formas de amor que una madre puede darle a su bebé... No me importa lo que piensen, pero te amaré cada día más, de una forma positiva, humana en ocasiones e irracional en otras, pero siempre con la misma intensidad. Sabrás donde quiera que estés que hay para ti mucho amor y que, al menos tu madre, jamás te olvidará.

Por otro lado, vengo también a contarte que en abril podremos intentar un nuevo embarazo. Me embargan varios sentimientos al respecto. Por un lado, siento como si te traicionara, como si esto pudiese parecer una forma de sustituirte. Y, aunque sé que no es cierto, es como si te sintiera a mi lado y como si sintiera tu dolor. No lo temas, mi vida, que tus hermanos serán únicos, como tú lo eres y siempre serás.

Por otro lado, siento una enorme ilusión por tener la oportunidad de intentarlo de nuevo, porque dentro de la desgracia de lo ocurrido, no perdí la facultad de ser madre. Y no sabes cuánto necesito llenar el vacío que quedó en mis brazos... Sé que sabré el instante en que esté preparada cuando imagine el momento y no le ponga tu cara al bebé que sostenga en mi regazo. Pero estoy segura de que lo lograré, por mi y por nuestra familia, que tanto necesita una alegría que nos robaron hace casi dos meses. Xavi me lo pide algunas veces de forma tímida, de esa forma que le hace diferente del resto y que hace que le ame con todo mi corazón. Siempre te esperará, lo sé. Merece tener todas esas cosas que le contaba mientras acariciábamos el vientre que te albergaba. Y papá, que centra su recuperación personal en soplarle al tiempo y que abril llegue para que se cumpla la justicia poética y en el mes en que todo comenzó, pueda llegarnos la alegría de dar vida.

Por último, vengo a pedirte dos cosas. La primera es que cuides por favor de nosotros en ese sentido, que nos protejas de esa sensación no tan lejana de frustración ante los meses infructuosos, el tiempo pasando lentamente y los negativos sucediéndose con crueldad. Y la segunda, que cuando de nuevo el positivo se pinte en un test, llegue el día en que tengamos en nuestros brazos a tu hermano sano y feliz. Ojalá una parte de esa criaturita en la que soñamos con timidez y una pizca de culpabilidad sea una parte de ti que vuelve a mi por amor.

Si no escribo más antes de que acabe el año, quiero enviarte un beso enorme y desear que en 2010 la vida nos devuelva ese pedacito de ti. Te quiero, amor.